La que desde el balcón mira
 

La que desde el balcón mira,
predestinada suave,
tiene en su corazón una hora triste.
Ay, triste como una pluma.
Ay, como el partir de alguien.
Ay de aquellos que no rezan la plegaria de la sangre.
Ella ha ido a esperar
los aldabones de su talle.
Llorando la seguían los ministros,
las amorosas cuerdas y los rumbos
perdidos que conspiran en las calles.
Ay de aquellos que suspiran bajo la rama del sauce.
Ahora el tiempo se hamaca en sus zapatos,
zapatos que pisan el aire.
En corazón de tantas voces
habla la noche
y no responde nadie.
Ay de aquellos que no rezan
la plegaria de la sangre.