Hasta Trilce, huellas que abren caminos

 

 

Hasta Trilce, huellas que abren caminos.

Roberto Hilson Foot

 

 Hasta Trilce fue presentado en Agosto de 2012 como un “espacio dedicado a la investigación artística y filosófica y a la producción teatral y musical” dejando claro que los objetivos son tanto de investigación como de producción artística, gestando para ello un espacio de diálogo entre las dos dimensiones, pensadas como complementarias más que como antinómicas. Como declaración de principios da cuenta de una extensión, un espacio, un lugar y también de una funcionalidad que se intenta imponer a ese “topos”. Sin embargo es un espacio pensado en dinámica temporal por lo que puede imaginarse como un camino colectivo, dotado de un dinamismo propio del andar, un camino de arte, transitado con el compromiso de explorar la tensión en torno a la representación. Son en realidad huellas que pretenden abrir un camino, basado en la convicción de que lo colectivo y comunitario es más potente que lo individual y egoísta.

 Este espacio al ser denominado “Hasta Trilce” demanda desde su idea fundacional un ir hacia, un andar. Remite de forma expresa al libro publicado en 1922 y escrito por Cesar Vallejo. Este libro y el poema que solo a veces se incluye en el mismo, están marcados por una audacia singular tanto en la sintaxis como en la lexicografía. Esa audacia del poeta peruano que invocada por los viajeros de este espacio puede seguir impulsando a lo largo de las décadas una camino del arte.

 Sobre la palabra “trilce” hay varias hipótesis acerca de su sentido. Algunos han explorado la posibilidad de considerar la raíz “tri” como tres, lo repetido tres veces. Otros han entendido que si se toma la raíz “tri” y se la junta con las últimas tres letras de la palabra dulce o sea “lce” se forma tri-lce. Una tercera interpretación hace alusión a una flor del Perú y por fin una cuarta versión apunta al nombre de una mujer. Como vemos la polisemia del término acaso indique una deseada ambigüedad que el autor pretendía para su libro marcado por la audacia, por el alto nivel de demanda que significa para el lector, pues puede el ejercicio de la lectura de ese texto, llegar a ser perturbador por las dificultades que implica su comprensión. Vallejo pretendía que esos 77 o 78 poemas reunidos fueran capaces de generar una ruptura revolucionaria. Es uno de los escritos mas radicales que se hayan presentado en lengua castellana y esa radicalidad esta vinculada con el nivel de ruptura que imprime a esa lengua, asociado a la gran tensión que introduce en la relación entre significante y significado. Esta ruptura era necesaria en pos de una nueva identidad cultural que el poeta buscaba en el uso de la lengua. Vallejo entiende como imperativa la fractura con la lengua de los conquistadores, la lengua de la colonización, una ruptura que incluso al acercarnos al centenario de su elaboración y publicación sigue siendo muy perturbadora para aquel que se
adentra en sus páginas.

 El artista buscó liberar a los poemas de rima, metro, sintaxis y de cualquier fácil u obvia coherencia, de cualquier engañosa transparencia de los significantes, incluso impugnando los consensos en torno a los significados, al ser entendidos ya sea como aceptación o como resignación ante los sentidos de las palabras en la lengua de la colonización. El sentido de lo obvio o la cándida aceptación de la obviedad de los significados, junto a una sintaxis previsible casi espontánea que aporta tramposas inteligibilidades esta asociado al sentido común, vinculado a la imposición que resulta de la dominación y la consiguiente falsificación de lo originario con una forzada asimilación de lo popular ante la amenaza del poder.

 Una aceptación ingenua del idioma de la colonización incluso rotulado aún hoy en día por muchos, no como castellano con una génesis socio-territorial, sino como español o sea como idioma de un poder estatal, implica pueblos colonizados que padecen los sentidos adscriptos, que no podrían sin tomar consciencia de la lucha como hablantes, poder darse sentidos auténticos o por lo menos se les dificulta lograrlos al estar atravesados por la dominación. Trilce (1922) como compilación de poemas, esta signado por neologismos, cientificismos, anacronismos, rupturas gramaticales y ortográficas, así como atravesado de giros populares conjugados en una nueva poética lo cual era parte del objetivo revolucionario del poeta peruano.

 José Carlos Mariategui (1895-1930) publica en 1928 “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” en los que se refiere a Vallejo afirmando la necesidad de una práctica artística que implique una mediación técnica, que salve la brecha entre lo representado y la forma de representarse. Dice expresamente que al poeta no le basta traer un mensaje, necesita traer una técnica y un lenguaje nuevo, su arte no tolera el dualismo entendido como la artificial distinción entre esencia y forma técnica. La ruptura propuesta entre significante y significado es una rebelión ante el idioma colonial que carga con los significados de la dominación. Mariátegui le reconoce este enorme mérito a Vallejo.

 Pablo Neruda (1904-1973) en “Confieso que he vivido” da cuenta de su profundo conocimiento de Vallejo al cual describe como poeta de poesía arrugada, difícil al tacto como piel selvática, pero poesía grandiosa de dimensiones sobrehumanas. De su persona afirma el chileno que “es mas indio que yo, con unos ojos oscuros y una frente muy alta y abovedada, tenía un hermoso rostro incaico, entristecido por cierta inolvidable majestad. Era sombrío tan solo externamente como un hombre que hubiera estado arrinconado durante mucho tiempo”. Lo definió como un viejo combatiente de la esperanza, combatiente del ejército indo-americano, que tenía como poeta algo de túnel de mina, de socavón lunar, algo terrenalmente profundo, entendido como expresión íntima y auténtica de lo americano.

 “Trilce” puede ser como decíamos un libro perturbador que incluso puede llegar a fastidiar por momentos al lector. Muchos hemos podido leerlo en la versión de la editorial Losada, lo cual constituye una verdadera ironía pues estamos celebrando la apertura de un teatro que lleva por título una poesía de Vallejo y ese teatro se construyo en el antiguo depósito de esa editorial Losada donde acaso los ejemplares del mismo libro estuvieron almacenados hasta encontrar lectores dispuestos al esfuerzo de hacer aliento la letra escrita. En ese libro hay un poema especialmente adecuado para los que han acometido esta prometedora obra de reconvertir un depósito de libros, un lugar que guardaba libros en un teatro. Esta guarda supone cierta dualidad por un lado el loable propósito de proteger y resguardar, de cuidar la obra de los poetas, pero por otro lado la amenaza del olvido que subyace en el abandono y la reclusión en un depósito. Ese espacio gracias a la iniciativa de jóvenes esta siendo reconvertido en un espacio de proyectos pero que también como todo obrar humano, esta amenazado por un lado por el riesgo asociado a una aventura de claro compromiso con el arte y por otro sin duda amenazado por el olvido propio de la finitud. El poema XVI dice:

 

Tengo fe en ser fuerte.

Dame, aire manco, dame ir

galoneándome de ceros a la izquierda.

Y tú, sueño, dame tu diamante implacable.

tu tiempo de deshora.

 

Tengo fe en ser fuerte

Tengo fe en que soy

y en que he sido menos.

Ea! Buen primero!

 


Las rupturas que lleva adelante Vallejo en 1922 de las que este poema es un ejemplo ya habían sido anticipadas en la obra que publica en 1918 “Los Heraldos Negros” en las que están germinando. Todavía es una escritura que alienta la musicalidad como un componente de la palabra poética. Sin embargo ya aparecen muchas peculiaridades como por ejemplo un uso de los puntos suspensivos que es átipico como en el poema “Bordas de Hielo”, un uso diferencial de las mayúsculas como en el poema “Romería” poniendo mayúscula en las palabras Vida y Luz, la utilización del guión que es extraña como en el poema “Nochebuena” entre las palabras niño-jesús, para solo dar algunos ejemplos de las perturbaciones, anomalías y peculiaridades. Sin embargo en 1918 domina cierta regularidad en los versos, cierto apego a formas reconocibles, predomina aún cierta rima cómplice y significantes compartidos como lengua y habla. El lugar de la enunciación es estable, hay un yo confesional desde donde se poetiza y se profiere y que unifica la significación*. En cambio en “Trilce” esos códigos se han perdido. En el libro de 1922 apenas cuatro años de distancia de “Los Heraldos Negros” hay fuertes alteraciones ortográficas “bamos a hhazer”, letras mayúsculas al final de palabras, notaciones matemáticas intercaladas como 999, el uso ya anticipado de los puntos suspensivos de forma poco ortodoxa, dislocación del espacio, repetición de las consonantes como en volvver, juegos temporales que rompen la linealidad cronológica, líneas dibujadas que aparecen en el texto, el uso de distintas tipografías, la transformación de sustantivos en verbos como en el caso de cancionan y el uso muy libre de los signos ortográficos generando una verdadera expansión o quizás sería mas adecuado hablar de verdadera explosión de los significantes. En algún sentido el camino seguido desde “Los Heraldos Negros” hasta “Trilce” puede ser entendido como una dislocación, alteración de reglas, derribo de paredes y tabiques, pero también un camino de verdadera revolución.

Hay en especial una fuerte reconsideración de la subjetividad del poeta y Vallejo intenta deshacerse de esa primacía, parece tener el claro objetivo de abolir la subjetividad unificadora que puede ser entendida como la herencia de la modernidad europea. El poeta cuando profiere procura desoriginar el verso, trastocando los órdenes temporales pero también espaciales. La linealidad consecuencia del pensamiento logocéntrico de la cultura europea moderna y que se modela temporalmente es parte de una historia que debe ser cuestionada. Por esos mismos años en carta fechada el 15 de Julio de 1921 Xul Solar le escribía en el mismo sentido a su padre Emilio Schulz Riga “Estoi cada vez mas cansado de Europa y su civilización”, lo cual da cuenta de que Vallejo no estaba solo. En “Trilce” hay una ruptura de la centralidad del λόγος y de la linealidad del tiempo moderno propio de la cultura occidental. La ruptura es desde la periferia, desde el colonizado por el eurocentrísmo lo que demanda un nuevo lenguaje o por lo menos una reconsideración del mismo.

 En 1920 Vallejo había sido acusado de ser autor o responsable intelectual de desórdenes callejeros y había sido encarcelado. Luego de esos meses en prisión en 1920-21 se le dio la posibilidad del exilio. Esos fueron los años de la elaboración de “Trilce”. El nombre del teatro “Hasta Trilce” alude a un poema no siempre incluido en el libro y el mismo dice:


Hay un lugar que yo me sé

en este mundo nada menos

a donde nunca llegaremos.

Donde aún si nuestro pie

llegase a dar por un instante

será en verdad, como no estarce.

En ese sitio que se ve

a cada rato en esta vida

andando, andando de uno en fila.

Mas acá de mi mismo y de

mi par de yemas, lo he entrevisto

siempre lejos de los destinos.

Ya podeis iros a pie

o a puro sentimiento en pelo

que a él no arriban ni los sellos.

 

 El poema o mas bien la invocación del mismo obliga a los creadores de este proyecto a internarse por las rugosidades, los compromete a arriesgarse en tierras no conocidas. En la elección de un nombre se puede resignificar el combate de la esperanza. Es conveniente por ser nuestro andar de uno en fila hacer carne la idea de que nunca llegaremos, que lo que importa es el camino y que las palabras que seleccionemos puedan permanecer en nuestra compañía como significantes abiertos, debatidos, parte de tensas pujas, de sentidos en disputa. La música, la dimensión acústica del mundo es parte del ritmo y de la melodía de esa marcha, es parte del ensamble que se busca conformar. No sabemos que tan lejos puedan viajar las notas lo que importa es que nosotros las disfrutemos y seamos felices aceptando los límites.

 Desde esta espacialidad atravesada de sentidos temporales, intentaremos que esas notas reverberen en la tierra acústica por excelencia, la tierra de tempestades en las que hemos visto volar las piedras. Ese espacio que hemos tomado como Aleph para meditar sobre la compleja trama de la periferia a fin de pensar nuevas centralidades es la inmensa cordillera, estepa y costa patagónica. Desde nuestra experiencia Patagónica buscaremos explorar la forma en que los significantes deben ser disputados por el deseo de pensar y sentir una condición americana, capaz de formular una identidad plural que de cuenta del fin de la centralidad europea que subyace en el fin de la modernidad. Esa descentralización nos habilita o quizás nos demanda formular una nueva topología en la que ya no padezcamos la negatividad de la contingencia que se nos había asignado en la dominación colonial. Tenemos fe en que somos y que hemos sido menos y que de alguna forma será mejor ampliar los sentidos al andar en vez de cerrar lo que creemos como verdad. Nos espera un largo y arduo camino del que mostramos los primeros pasos en esta sección que ahora presentamos invitándolo lector a que caminemos juntos.

 

 


* Recomendamos la lectura de los textos de R. Ferro y A. Ostrov “Para leer Trilce de César Vallejo”, UBA, 2007.