Perdices para el gran Herodes
 

¡Perdices para el gran Herodes!
Ahora podremos dormir.
Crepúsculo recogido en Belén.
Los olivos se menean,
los cayados gobiernan
rebaños dolientes.
A la mar de seda, Herodes,
tiende tu espalda.
Oye el silencio sembrado
por las cunas de Belén,
bosteza la tarde una luz de cobre
y los pechos prietos
languidecen colmados.
Perdices para el gran Herodes,
rey del silencio.