Las princesas dormían celestes
 

Las princesas dormían celestes
en el cuando de los reyes muertos.
La conspiración de la noche
envenenaba las calles.
“¡Centinela, centinela;
las flores apagan sus postigos
y la noche es copa que no beberé!”
Había estrellas de muerte en sus ojos.
Los corceles pendían de sus cuatro certezas
en las esquinas procelosas,
caminaban por la luna despierta.
Las iglesias erizadas divagaban contra el cielo
vírgenes de ojos huecos.
“¡Centinela, centinela
por los absolutos puentes del aire
se deslizan consignas asesinas
y una mano soplará mi corazón de mundo!”
¡En sus ojos!
La dentada oración de los perros
tendió un cerco a las estrellas
y le han dado tres puñaladas invernales,
vísperas del campanario.
“¡Centinela, centinela
voy en manos de la nocturna
por el río de mis lágrimas!
Y ya no me acuerdo de mi.”
Estrellas de muerte en sus ojos