Notas para introducción a manifiesto de Hasta Trilce
 

Hasta Trilce es, en su acepción atómica, un espacio independiente entre tantos, que se pretende de gestión, investigación y creación cultural artística. Se enmarca en la actividad independiente y entiende a la misma como un quehacer que debe necesariamente disputar influencia al discurso cultural hegemónico so pena de ser solamente un repetidor de lo oficial, según se entiende al continente de lo propuesto e instalado por el poder real, que puede o no estar alineado con los poderes que ocupen la cabeza del Estado.

 

El quehacer cultural artístico independiente jamás puede estar deslindado de un concepción política profunda en tanto que es mediante esa concepción e interpelando a la hegemónica que se realiza a si misma. Pero es importante que esta imposibilidad sea reconocida conscientemente para poder gobernarla y hacerla funcionar a favor de la expresión. Esta concepción, según las coyunturas políticas, sociales y culturales y las perspectivas que sobre esas mismas coyunturas tengan los mismos realizadores y espacios, se puede expresar de modos mas o menos explícitos. Pero en el fondo de cualquier obra como en el fondo de cualquier gestión se puede rastrear  por expresión o por omisión la imagen de su utopía y distopía, es decir la concepción que de su realidad y proyección se hace. De este modo, tras x años de independencia de las disciplinas de los poderes es de principal importancia reconocer estas coordenadas para devolver al quehacer artístico su potencia como factor constituyente de mundo junto a las demás actividades que enmarcan la vida del hombre en la tierra, la actividad política, la actividad legislativa, etc. Toda vez que un realizador o espacio crean sin buscar interpelar lo que de profundo este sucediendo en la época se agranda una escisión que arroja a la disciplina en cuestión al abismo del solipsismo, de una conversación cerrada consigo misma que la deja desarmada de su potencia mas importante que es la de agregar cosas al mundo, de modificarlo y en el mejor de los casos, dignificarlo. Nada de esto puede suceder si no se conversa con la época que es conversar con el hombre, en tanto que este es el resultado de la triple confluencia de lugar y memoria, como otra manera de entender al tiempo.

 

Así entendido Hasta Trilce reconoce la siguiente coyuntura general en lo político y lo cultural.

 

América del sur es un continente originalmente habitado por una gran cantidad de culturas que en un momento fue invadido, conquistado y la gran mayoría de aquellas culturas exterminadas, generando el mayor genocidio de la historia de la humanidad durante el proceso que llamamos invasión y colonización. Este proceso y la suma de todos sus movimientos, comercios y tráficos también significó la mayor cita de la historia y dio a luz, sangrientamente, un conglomerado social, económico y político que con todas sus transformaciones es lo que hoy conocemos como el pueblo americano, resultado del mestizaje, sincretismo y deglución del conquistador. La primer forma de organización de ese conglomerado fue el de la organización en Virreinatos que respondían a una centralidad peninsular. Entendemos que, hoy como entonces, al sobrevenir las primeras independencias fue un error y una tragedia no haber podido conservar la unidad política impuesta por el conquistador dado que sólo así se podría haber podido presentar alguna resistencia a un mundo que, ya industrializado, inmediatamente nos dio el rol de mercado y productores de materias primas y proveedor de mano de obra barata, ayudados por los diferentes sectores americanos que se identificaron con estos intereses, principalmente radicados en las ciudades puerto del continente. Entendemos que la balcanización americana en los diferentes estados nacionales que hoy suman sudamerica es resultado de la penetración de los intereses de los diferentes imperios y que sólo a ellos y a las oligarquías locales favorece la división de los países americanos que sin excepción sufren de los mismos problemas estructurales, con sus matices y variaciones locales.

La falta hasta hoy de burguesías con conciencia nacional, capaces de aprovechar las distintas coyunturas que habrían favorecido un balance en la relación de fuerzas internacional mediante los procesos de industrialización que habrían producido las nociones de soberanía y defensa de nuestros pueblos es la gran catástrofe américana.

 

(…) sudamerica es un continente con historia propia al que sin embargo se le han impuesto las historias de los imperios y todo su constructo que nos ha impedido pensarnos en nuestros términos. Sin embargo la América actual ya no es el continente previo a la conquista y estamos conformados y afectados por nuestra historia y memoria. Por tanto es un continente que debe dar cuenta de todas sus confluencias, la occidental, la española, originaria, la mestiza, la africana y toda la historia que esas vertientes significan a su vez y resolver sus tensiones es asunto que compete a la actividad política, económica y muy principalmente a la cultural, ampliamente entendida.

 

No podemos proceder por negación sino por síntesis, por resolución de las tensiones.

Crear un imaginario que entiende que la Argentina es una provincia de un país mucho más grande que sólo realizándose a si mismo podrá imponer sus condiciones en un mundo donde los intereses hacen y deshacen según conveniencia  es el objetivo de máxima que deben imponerse los hacedores culturales.

 

El principal problema americano es la dificultad cuando no clara oposición a pensarnos y proyectarnos a nosotros mismos de acuerdo a nuestra verdadera potencia. Ninguna otra práctica tiene menos excusas que la cultural para no encarar este desafío pues las otras deben en algún punto reconocer la solidez de una realidad que la práctica cultural no puede ignorar pero cuyos escollos puede sortear con alguna impunidad.

Para emprender esto nada se presenta como mejor plataforma que la de dar prioridad a lo que llamaremos “espacio” queriendo significar, literalmente, territorialidad. No se debe reconocer mas que aquello que pertenece a un lugar, viendo en todo aquello que no lo tenga, nada. No hay cultura sin espacio, y deben perder, para nosotros, legitimidad toda expresión que no pueda lucir esa categoría.

 

Pasando a las disciplinas.

 

Homero Manzi sobre lo popular

 

Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando, tal vez en dorado fracaso, su propia historia y a la que de pronto iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas, ordenaron:
¡Cambia tu piel!
¡Viste esa ropa!
¡Ama a este Dios!
¡Danza esta música!
¡Vive esta historia!.
Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando 15 siglos de desventaja, nuestra pobre América que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas, nuestra pobre América que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos, y cuando los evangelios habían escrito su mensaje, cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos y cuando el Dante había cumplido su divino viaje.
Nuestra pobre América que comenzó su nueva industria, cuando los toneles de Europa estaban traspasados de olorosos y antiguos alcoholes, cuando los telares estaban consagrados por las tramas sutiles y asombrosas, cuando la orfebrería podría enorgullecer su pasado con nombres de excepción, cuando verdaderos magos, seleccionando maderas con cavidades y barnices, sabían armar instrumentos de maravillosa sonoridad, cuando la historia estaba llena de guerreros, el alma llena de místicos, el pensamiento lleno de filósofos, la belleza llena de artistas y la ciencia llena de sabios.
Nuestra pobre América, a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación. Todo estaba bien hecho, todo estaba insuperablemente terminado ¿para qué nuestra música? ¿para qué nuestros dioses? ¿para qué nuestras telas?
¿para qué nuestra ciencia? ¿para qué nuestro vino?
Todo lo que cruzaba el mar, era mejor, y cuando no teníamos salvación apareció lo popular para salvarnos, creación de pueblo, tenacidad de pueblo.
Lo popular no comparó lo malo con lo bueno, hacía lo malo y cuando lo hacía creaba el gusto necesario para no rechazar su propia factura y ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que surgía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.
Mientras tanto, lo antipopular, es decir, lo oculto, es decir lo perfecto, rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa esperanza de ser que es el destino triunfador de América.
Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo.